miércoles, 22 de marzo de 2017

Nuestra Huella Hídrica



 22 de marzo: Dia Mundial del Agua


Por decisión de la Asamblea General de las   Naciones Unidas, el 22  de marzo se ha designado como   día Mundial del Agua, fecha propicia para conocer   la huella hídrica que dejamos en nuestro caminar por la vida.
Nos han enseñado a cuidar el agua de  manera doméstica: cerrar el grifo cuando nos enjabonamos o cepillamos, arreglar los botes,  optimizar la carga de ropa en la lavadora,  regar el jardín con agua reciclada, etc. Sin embargo  estas actividades representan tan solo el 4% de nuestro consumo diario de agua, por lo tanto la economía en su uso adecuado, no incide significativamente en el ahorro del vital líquido.
La mayor parte de nuestro consumo de agua es indirecto y de allí nace el concepto de Huella Hídrica, para representar toda el agua que directa o indirectamente consumimos.  La Huella Hídrica (HH) es un indicador de toda el agua que utilizamos en nuestra vida diaria para producir nuestros alimentos, en procesos industriales y generación de energía, así como la que ensuciamos y contaminamos a través de dichos procesos. La Huella Hídrica de una persona se obtiene de sumar la Huella Hídrica de todos los productos, bienes y servicios que consume y utiliza.
Aquí entramos en el concepto de Agua Virtual, que es la que se requiere para obtener un producto. El Agua Virtual incluye la necesaria para el cultivo, crecimiento, procesamiento, fabricación, transporte y venta de los productos. De allí que los conceptos de Agua Virtual y Huella Hídrica, estén relacionados directamente.
Hay consumo de agua virtual en todo, en lo que comemos, vestimos, en nuestros medios de transporte, en los equipos de trabajo, etc. Por ejemplo para hacer un kilo de tela de algodón para playeras, se requieren 10.800 litros de agua. A continuación algunos ejemplos  de la HH de algunos alimentos y objetos:

1 papa (100 g): 25 litros
1 manzana (100 g): 70 litros
1 jitomate (70 g): 13 litros
1 naranja (100 g): 50 litros
1 rebanada de pan (30 g): 40 litros
1 rebanada de pan (30 g) con queso (10 g): 90 litros
1 huevo (40 g): 135 litros
1 bolsa de papas fritas (200 g): 185 litros
1 hamburguesa (150 g): 2.400 litros
1 vaso de cerveza (250 ml): 75 litros
1 vaso de leche (200 ml): 200 litros
1 taza de té (250 ml): 35 litros
1 copa de vino (125 ml): 120 litros
1 vaso de jugo de manzana (200 ml): 190 litros
1 vaso de jugo de naranja (200 ml): 170 litros
1 par de zapatos (piel de bovino): 8 mil litros
1 hoja de papel A4 (80 g/m2): 10 litros
1 microchip (2 g): 32 litros

Como puede observarse, las cifras son sorprendentes.   Cuando revisamos la lista entendemos más profundamente la importancia del agua. No es posible la vida sin agua, no habría alimentos, no habría manera de subsistir en el planeta.

Si bien es cierto que el agua para cultivos viene parcialmente del agua de lluvia, también lo es que esa fuente no es suficiente y que los cambios climáticos producto en gran medida de la conducta del hombre, han descontrolado los sistemas naturales de ciclo del agua. Ahora tenemos más corrientes de aguas subterráneas contaminadas, mayores sequías, mayor evaporación, al punto que los humedales del planeta en general, han disminuido considerablemente o incluso desaparecido. Las fuentes de agua dulce están considerablemente mermadas y  por ello, el futuro a mediano plazo no es muy alentador.

Pero, ¿qué podemos hacer individualmente? ¿Cómo podemos revertir o por lo menos detener la desaparición del agua? Definitivamente creando conciencia. Disminuyendo nuestra huella hídrica, lo cual podemos hacer no solamente economizando nuestro consumo doméstico, sino eligiendo nuestros alimentos.
Como puede observarse en la lista de arriba, la hamburguesa es lo que deja mayor HH. La Huella Hídrica de una vaca para producción de carne es de 3.100.000 lts y la de la leche de vaca, de 950 lts por kg. Esto sin considerar la contaminación de las aguas subterráneas por la ganadería industrial.

Nuestras decisiones cotidianas que pudieran parecer insignificantes, tienen efectos  exponenciales y decisivos en el futuro del planeta y en las condiciones de vida para nosotros en él, por  ello es vital  tener consciencia de cómo ellas influyen en el todo. Pero no basta conocer, se requiere la acción y cambio de hábitos para sentir y saber que estamos haciendo algo.



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